DOCUMENTOS HISTÓRICOS





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  • Himno Nacional "Dios salve a la Reina"

  • Orden de la Jarretera

  • Discurso de abdicación de Eduardo VIII, 11-12-1936

  • Discurso de la Reina en homenaje a Lady Diana, 5-9-1997


  • Himno Nacional "Dios salve a la Reina"

    God save our gracious Queen,
    long live our noble Queen,
    God save the Queen:

    Send her victorious,
    happy and glorious,
    long to reign over us:

    God save the Queen.


    Orden de la Jarretera

    Fundada por el rey Eduardo III en 1348, es la orden de caballería más alta distinción en Inglaterra. Compuesta por 24 Caballeros Compañeros, además del Soberano, Gran Maestre de la Orden, y el Príncipe de Gales.
    Sus miembros son nombrados por el Soberano y se reunen en Windsor cuando los nuevos caballeros son investidos con sus ropajes e insignias en la Sala del Trono de la Jarretera. Su divisa es "Honni soit qui mal i pense" (Deshonrado sea quien piense mal). Sus origenes se encuentran en una recepción real de Eduardo III en 1348, cuando a una de las damas perdió el ligero que llevaba y el Rey se lo colocó. Ante el murmullo de los cortesanos, el Rey dijo que algún día todos ellos desearían esa condecoración estableciendo así la Orden de la Jarretera, la más alta distinción de todos los honores.


    Discurso de abdicación de Eduardo VIII, 11-12-1936

    Tras larga espera, puedo al fin hacer una breve declaración auténticamente personal. No he pretendido ocultar nada, pero por respeto a la Constitución, hasta ahora no me ha sido posible hablar.
    Hace apenas unas horas cumplí mis últimos deberes como Rey y Emperador, y ahora que he sido sucedido por mi hermano, el duque de York, mis primeras palabras han de ser para proclamar mi fidelidad hacia él. Así lo hago con todo mi corazón.
    Todos vosotros conocéis las razones que me han inducido a renunciar al trono. Quisiera haceros comprender que, al tomar esta resolución, no he olvidado en absoluto al país o al Imperio, a los cuales, primero como príncipe de Gales y más tarde como Rey, he dedicado veinticinco años de servicio.
    Pero podéis creerme si os digo que me ha resultado imposible soportar la pesada carga de la responsabilidad y desempeñar mis funciones como Rey, en la forma en que desearía hacerlo, sin la ayuda y el apoyo de la mujer que amo.
    Deseo, asimismo, que sepáis que la decisión ha sido mía y sólo mía. Era una cuestión sobre la que debía juzgar únicamente por mí mismo. La otra persona afectada de modo directo ha intentado, hasta el último momento, persuadirme en el sentido contrario.
    He tomado esta decisión, la más grave de mi vida, con la sola preocupación de dilucidar qué sería, el último extremo, lo más apropiado para todos. Ha sido menos difícil adoptar una determinación gracias al pleno convencimiento por mi parte de que mi hermano, con su amplia experiencia en los asuntos públicos de este país, y sus magníficas cualidades, se halla en condiciones de ocupar mi puesto, de ahora en adelante, sin afectar ni paralizar en forma alguna la vida y el progreso del Imperio. Además, él posee una bendición que tantos de vosotros compartís, y que a mí no me ha sido concedida: un hogar feliz con su esposa y sus hijas.
    Durante estos penosos dís he sido confortado por el afecto de Su Majestad, mi madre, y de toda mi familia. Los ministros de la Corona, y en particular el primer ministro, el señor Baldwin, me han mostrado en todo momento la mayor consideración. Jamás ha existido entre ellos y yo, o entre el Parlamento y yo, la menor discrepancia en lo relativo a la Constitución. Educado por mi padre en la tradición constitucional, nunca hubiera permitido que tal cosa sucediera.
    Desde que recibí el título de príncipe de Gales, y más tarde cuando ocupé el trono, he sido tratado con el mayor cariño por todos los estamentos del pueblo, en cualquier lugar del Imperio donde he vivido o por el que haya viajado. Y siento por ello un inmenso agradecimiento.
    Ahora me retiro de los asuntos públicos, y dejo a un lado mi carga. Quizá pase algún tiempo antes de que regrese a mi tierra natal, pero siempre seguiré los destinos de la raza y el Imperio británicos con el mayor interés; y si en algún momento del futuro puedo ser útil a Su Majestad desde un puesto anónimo, no le decepcionaré. Y ahora, todos tenemos un nuevo Rey. Desde lo más profundo de mi corazón le deseo a él y a vosotros, su pueblo, la mayor felicidad y prosperidad.
    ˇDios os vendiga! ˇDios salve al Rey!


    Discurso de la Reina en homenaje a Lady Diana, 5-9-1997

    Desde la terrible noticia del pasado domingo hemos visto, en todo el Reino Unido y el resto del mundo, una abrumadora expresión de tristeza por la muerte de Diana.
    Todos hemos intentado hacerle frente de diferentes maneras. No es fácil expresar el sentimiento de dolor, ya que la conmoción inicial es seguida, a menudo, de una mezcla de otros sentimientos: incredulidad, incomprensión, rabia y preocupación por los que quedan. Todos hemos sentido esas emociones estos últimos dís. Así que lo que os digo ahora, como vuestra Reina y como abuela, lo digo desde lo más profundo de mi corazón. Primero, quiero rendir mi propio homenaje a Diana. Era un ser excepcional y dotado. En los buenos y malos tiempos nunca perdió su capacidad de sonreír y de inspirar en los demás su propio calor y bondad. Yo la admiraba y respetaba por su energía y entrega a los demás y especialmente por su cariño hacia sus dos hijos. Esta semana en Balmoral, todos hemos intentado ayudar a hacerse a la idea de la devastadora pérdida que tanto ellos como nosotros hemos sufrido. Ninguno de los que conocieron a Diana la olvidarán nunca. Los millones de personas que nunca la conocieron, pero que sentín que la conocían, la recordarán. Yo, como todos, creo que hay lecciones que aprender de su vida y de la extraordinaria y conmovedora reacción que ha tenido su muerte. Comparto vuestra resolución de cuidar su memoria.
    Esta es también una oportunidad para mí, de parte de mi familia, y especialmente del Príncipe Carlos, Guillermo y Enrique, de daros las gracias a todos los que habéis traído flores, enviado mensajes y ofrecido vuestra condolencia de muchas maneras a esa extraordinaria persona. Esas expresiones de amabilidad han sido una fuente de ayuda y consuelo.
    Nuestro pensamiento está también junto a la familia de Diana y las familias de los que murieron con ella. Sé que ellos también tienen que sacar fortaleza de lo que ha sucedido desde el pasado fin de semana, mientras buscan curación a su dolor y después enfrentarse al futuro sin su ser querido.
    Espero que mañana podamos todos, desde donde estemos, unirnos al expresar nuestra pena por la pérdida de Diana y la gratitud por su demasiado corta vida. Es una oportunidad para mostrar al mundo entero que la nación Británica está unida en el dolor y en la pérdida.
    Que todos los que murieron descansen en paz y que todos nosotros, todos y cada uno de nosotros, demos gracias a Dios por alguien que hizo feliz a mucha, mucha gente.