
Primera imagen de Juan Pablo II como
Papa, 14 de octubre de 1978
Los procedimientos para designar al Papa han sido diversos a lo largo
de los siglos, desde que San Lino, el segundo Pontífice, sustituyó
a San Pedro en el año 67.
Los primeros Papas eran elegidos entre el clero local que vivía
cerca de Roma, pero los reyes, emperadores y otras personas con intereses
han hecho todo lo que han podido para influir en el proceso. Y hubo
épocas en las que quienes no se mostraban de acuerdo con la elección,
nombraban a su propio hombre, que era conocido como el "antipapa".
Pero en 1059, el Papa Nicolás II decretó que a partir
de ese momento todos los electores papales debían ser cardenales,
y en 1179, el Papa Alejandro III estableció que todos ellos tendrían
igual voto en la elección.
En 1274, el Papa Gregorio X decidió que los cardenales deberían
reunirse durante diez días tras la muerte del Pontífice
y mantenerse en estricto aislamiento hasta que se eligiera al candidato.
Para finales del siglo XVI, la mayoría de los procedimientos
de elección que se utilizan hoy ya estaban establecidos.
El Papa podía ser elegido por cualquiera de los tres métodos
que existían:
"Per inspirationem", o por aclamación, que preveía
la elección del Pontífice por unanimidad y a viva voz.
"Per compromisum", que dejaba abierta la posibilidad de que
los cardenales electores confiaran a un grupo de ellos, formado por
un mínimo de 9 purpurados y un máximo de 15, la responsabilidad
de decidir el nombre del Sucesor de Pedro.
"Per scrutinio", la única válida hoy y que exige
obtener una mayoría de dos tercios de los cardenales presentes
para ser elegido Pontífice.
Juan Pablo II promulgó el 22 de febrero de 1996 la Constitución
Apostólica "Universi Domini Gregis" (De todo el rebaño
del Señor), para establecer las disposiciones sobre la Sede Vacante
y la elección del Romano Pontífice. El documento consta
de 63 páginas y está dividido en dos partes. La primera
consta de cinco capítulos y se refiere a las disposiciones que
siguen a la muerte del Papa, como los poderes del Colegio de Cardenales,
la preparación de la elección del sucesor y las exequias
del Pontífice. La segunda parte, que tiene siete capítulos,
trata de la elección del nuevo Papa y de las condiciones en que
se desarrolla el Cónclave, con especial énfasis en la
observancia del secreto que obliga históricamente a los cardenales
electores.
Cuando el Papa muere, el decano del Colegio Sagrado de Cardenales convoca
a una reunión de los prelados, que se celebra siempre por la
mañana y debe comenzar antes de que pasen 20 días de la
muerte del Pontífice.
El Cónclave es la reunión solemne de los Cardenales que
deben elegir a un Papa. La palabra Cónclave significa "con
llave", lo cual nos da a entender que los Cardenales electores
(todos aquellos menores de 80 años) permanecen bajo llave en
la Capilla Sixtina del Vaticano, sin poder salir y sin que nadie extraño
pueda entrar. Siguiendo un ceremonial especial, los Cardenales invocan
al Espíritu Santo para que les inspire quién debe ser
elegido Papa. Las votaciones son en absoluto secreto y poniendo a Dios
por testigo. Cada Cardenal elector escribe en una papeleta el nombre
de su candidato. Se hace una votación en la mañana y una
en la tarde de cada uno de los días que dura el Cónclave.
Después de escribir el nombre del candidato en su papeleta, cada
uno de los aproximadamente 120 cardenales activos - aquellos menores
de 80 años - camina hacia el altar y se compromete a cumplir
su deber con integridad. Entonces deposita su papeleta en un recipiente
cubierto.
Para ser elegido Papa se requiere contar con una mayoría de dos
terceras partes más uno. Si tras varios días de votaciones
éstas resultan infructuosas, los cardenales electores pueden
elegir otro modo de actuar, siempre que se respete que el elegido ha
de obtener la mayoría absoluta.
Después de que todos han votado, los relatores cuentan las papeletas
y se lee el resultado a los cardenales.
Acto seguido se queman las papeletas. Si no hay un ganador, se mezcla
un compuesto químico con las papeletas para producir humo negro
cuando se quemen. Ver humo negro saliendo del tejado del Palacio Vaticano
indica a quienes se encuentran esperando en la Plaza de San Pedro que
el Papa todavía no ha sido elegido. Cuando finalmente sale un
ganador, las papeletas se queman solas y el humo blanco señala
que hay un nuevo jefe de la Iglesia.
Una vez que hay un ganador, se pregunta al Papa electo si acepta la
decisión. Si lo hace, el decano pregunta qué nombre elige
y lo anuncia a los cardenales, que luego se acercan a felicitar al elegido
y presentarle su respeto y obediencia.
El primer Cardenal de la Orden de los Diáconos sale al balcón
central de la Basílica de San Pedro y dice en latín: "ANNUNTIO
VOBIS GAUDIUM MAGNUM: HABEMUS PAPAM" (Anuncio un grande gozo: tenemos
Papa). El Pueblo reunido en la Plaza de San Pedro aplaude con entusiasmo.
Después el Cardenal anuncia el nombre, que en 1978 fue: "EMINENTISSIMUN
DOMINUM ... CAROLUM CARDINALEM WOJTYLA" (El Eminentísimo
Cardenal Carol Wojtyla), QUI SIBI NOMEN POSUIT: JOANNEM PAULUM SECUNDUM"
(Que se impuso el nombre de Juan Pablo II).
El Papa aparece en el balcón e imparte su primera bendición
"URBI ET ORBI" (A Roma y al Mundo). La gente se arrodilla
piadosamente, recibe la bendición y aplaude con júbilo.
Esa bendición vale para todos los fieles católicos y hombres
de buena voluntad, que en cualquier parte del mundo sigan la ceremonia
por radio o televisión.
Desde el momento en que acepta la elección el nuevo Papa es
el Pastor Universal de la Iglesia. Con ese acto comienza a ser la Autoridad
Suprema de la Iglesia.
Sin embargo, hay una solemne celebración inicial de pontificado,
que se lleva a cabo en la Plaza San Pedro, con la asistencia de Reyes,
Príncipes, Gobernantes, Jefes de Estado, Embajadores, Diplomáticos,
Cardenales, Obispos, Sacerdotes, Religiosos y Fieles de todo el mundo
que se celebra unos días después. Ese día el Santo
Padre comunica a la Iglesia y al Mundo las ideas maestras de su Pontificado
y recibe los honores de la Guardia Suiza. Dentro de esa Santa Misa el
Papa vuelve a impartir la Bendición "Urbi et Orbi"".
Muchos Papas han tomado posesión formalmente con una coronación,
pero Juan Pablo II la rechazó y lo hizo durante una misa en la
Plaza de San Pedro.
UNIVERSI
DOMINICI GREGIS, Constitución que regula la elección
del Sumo Pontífice.
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