Legado trascendente


El Papa ha muerto. Cuando, en las próximas décadas, se quiera explicar el complejo tránsito entre los siglos XX y XXI, dos fechas y dos imágenes serán de obligada referencia. La primera nos remite al 16 de octubre de 1978 y en ella vemos al cardenal polaco Karol Wojtyla saludando a la multitud congregada en la plaza de San Pedro de Roma, apenas unos minutos después de ser elegido pontífice. "No tengáis miedo", exclama el nuevo pontífice en un italiano todavía imperfecto, consciente de que con su elección se abre una nueva etapa para la Iglesia católica. La segunda imagen apenas tiene unas horas. Es el anuncio oficial, tras largas e intensas horas de espera, del fallecimiento de Juan Pablo II, el Sumo Pontífice respetado incluso por sus detractores.

La doctrina de la Iglesia católica sostiene que el Espíritu Santo ilumina al cónclave de cardenales al elegir al Papa. Veintiséis años después no hay duda de que la elección de Karol Wojtyla como cabeza visible de la Iglesia fue una sabia decisión. Aunque las deliberaciones del cónclave son secretas, con el tiempo se ha sabido que la candidatura del cardenal de Cracovia fue la tercera vía que desempató la pugna entre los cardenales Siri y Benelli, cabezas visibles, respectivamente, de los sectores conservador y progresista -esquema binario siempre difícil de aplicar en los asuntos de la Iglesia- de la curia italiana, durante siglos determinante en Roma. La opción Wojtyla fue especialmente impulsada por los cardenales centroeuropeos, perfectos conocedores del estado de las cosas al otro lado del entonces denominado telón de acero.

Apenas un año después de la elección de Juan Pablo II, el régimen comunista de Polonia entraba en crisis, sacudido por el sindicato Solidarnosc. Estados Unidos obligaba a Moscú a tomar conciencia de la asimetría realmente existente entre ambas potencias, circunstancia que acabaría propiciando la elección de Mijail Gorbachov como nuevo líder soviético. Fueron unos años duros, tensos y muy densos en los que el Papa polaco estuvo a punto de ser asesinado en la plaza de San Pedro por el terrorista turco Ali Agca, último eslabón de una conspiración nunca del todo desentrañada, pero cuyos hilos principales apuntan aún hoy a los servicios secretos búlgaros y, por lógica extensión, al KGB soviético, en aquel momento comandado por Yuri Andropov, antecesor de Gorbachov. El trasfondo de aquel atentado es uno de los secretos que el Papa probablemente se ha llevado consigo. Pero lo cierto es que Juan Pablo II, que perdonó a Agca tras visitarlo en prisión, nunca quiso convertir aquel trágico episodio en un factor de odio y de sospecha.

La sintonía del Papa polaco con el presidente norteamericano Ronald Reagan fue grande y cabe situarla un poco más allá del interés común por poner punto final a la guerra fría. Juan Pablo II veía en Reagan un hombre con fuertes inquietudes espirituales, pese a los comentarios caricaturescos que propiciaba el actor de Hollywood convertido en presidente de Estados Unidos. El caso es que el propio Wojtyla también había sido actor de teatro en su Polonia natal. Faceta esta algo más que anecdótica. Hasta el último día de su existencia, Juan Pablo II ha sido un gran comunicador.

Los caminos de Roma y Washington, sin embargo, se bifurcaron tras la implosión de la URSS. Ni el Papa quería aparecer como el brazo espiritual del César indiscutido, ni el panorama que se abría encajaba con sus convicciones más profundas. Juan Pablo II combatió el comunismop or su negación de la libertad humana, pero nunca comulgó con el dogma neoliberal. Desde Roma desactivó la teología de liberación, que tendía a fundir el catolicismo con las corrientes revolucionarias de Latinoamérica, pero, disuelto el bloque soviético, en más de una ocasión afirmaría públicamente que el socialismo contenía "elementos de verdad".

Juan Pablo II se opuso a la guerra de Golfo en 1991 y, trece años después, a la invasión de Iraq. Sus relaciones con los Bush, padre e hijo, nunca fueron excesivamente cordiales. Se opuso a ambas guerras por su férrea defensa de la paz, para proteger a las comunidades cristianas de Oriente Medio, pero también por un sentimiento de hermandad con el mundo musulmán nunca antes expresado por otro Papa. Porque uno de los grandes objetivos de Juan Pablo II ha sido el rescate de la dimensión espiritual del hombre. Ello explica sus notables esfuerzos a favor de la reconciliación ecuménica entre las diferentes confesiones cristianas, su conmovedora petición de perdón al pueblo judío en un memorable viaje a Tierra Santa, su interés por mantener abierto el diálogo con el islam y su empatía con el budismo, la religión no revelada que constituye una de las grandes matrices culturales de Oriente.

Un Papa abierto al mundo, pero también muy severo ante la secularización de Occidente. Sus posiciones inflexibles sobre el uso de los contraceptivos, el aborto, la experimentación genética y la eutanasia han sido muchas veces interpretadas, especialmente en Europa, como un dogmatismo moral incompatible con la modernidad e incluso como una nostalgia de la antigua influencia de la Iglesia católico-romana en la gobernación de los países. Muchos han olvidado, sin embargo, que una concepción religiosa profundamente antropocéntrica como es el cristianismo no puede sino mantener una relación de tensión con cualquier concepción relativista sobre la vida humana. Cómo se canalizará esta tensión en el futuro y cómo se ubicará la Iglesia católica en las grandes encrucijadas del siglo XXI son dos de los grandes interrogantes que deberá despejar el nuevo pontificado, a partir del intenso y valioso legado del Papa Wojtyla.

Juan Pablo II ha hecho honor al viejo título romano del obispo de Roma: pontifex maximus.Constructor de puentes. Entre dos siglos. Entre el Este y el Oste. Entre las diferentes confesiones cristianas. Entre las diversas religiones. Entre las certezas de la tradición y los interrogantes del futuro. Incluso entre creyentes y no creyentes que hoy, en la hora de su muerte, se inclinan en señal de admiración y respeto.

Editorial de La Vanguardia, 3/4/2005