![]() Los Reyes Católicos en la rendición de Granada, pintado por Pradilla.
El punto de inflexión en esta relación histórica ocurre a finales del siglo XV. En 1496, el Papa Alejandro VI (de la dinastía de origen valenciano, los Borgia) otorgó a Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón el título de Reyes Católicos. Este
no fue un mero reconocimiento espiritual; fue un
agradecimiento por
la finalización de la Reconquista con la toma de Granada
y la
expulsión de los judíos, pero sobre todo, una jugada
política. Con la llegada de la dinastía de los Habsburgo (la Casa de Austria), España se convirtió en la principal potencia de Europa y en la "defensora de la fe" frente al avance del protestantismo de Martín Lutero y la amenaza del Imperio Otomano. Sin embargo, la relación entre España y la Santa Sede estuvo lejos de ser pacífica. Aunque Carlos I se veía a sí mismo como el líder de la Cristiandad, sus intereses políticos chocaron frontalmente con el Papa Clemente VII, quien se había aliado con Francia para frenar el poder español. El resultado fue uno de los episodios más dramáticos de la historia: el Saqueo de Roma (1527). Las tropas imperiales de Carlos V asaltaron y saquearon la Ciudad Santa, obligando al Papa a huir al Castillo Sant'Angelo. Un recordatorio brutal de que, para España, el Imperio estaba por encima del Papado. Su hijo, Felipe II, llevó el fervor religioso a su máxima expresión. Financió la Contrarreforma y lideró la Santa Liga junto a Venecia y el Papa Pío V para derrotar a los turcos en la Batalla de Lepanto (1571). Sin embargo, Felipe II implantó el Regalismo: la doctrina que defendía que el rey tenía ciertos derechos y prerrogativas sobre la Iglesia en su propio territorio. Controlaba el nombramiento de obispos y llegó a prohibir la publicación de algunas bulas papales en España si consideraba que perjudicaban a la Corona. Con la llegada de los Borbones en el siglo XVIII, inspirados por el absolutismo francés y la Ilustración, las tensiones con Roma cambiaron de naturaleza. Ya no se luchaba por la fe, sino por el control administrativo y económico. El momento culmen llegó en 1753 con la firma del Concordato entre el rey Fernando VI y el Papa Benedicto XIV. Este tratado otorgó a la Corona española el Patronato Universal, lo que significaba que el Rey tenía el derecho de nombrar a prácticamente todos los cargos eclesiásticos de España, convirtiéndose a efectos prácticos, en el jefe de la Iglesia española, dejando al Papa como una figura de autoridad puramente espiritual. Poco después, en 1767, Carlos III decretó la expulsión de los Jesuitas de todos los territorios españoles, una orden religiosa que dependía directamente del Papa y que el rey veía como un "estado dentro del estado". Roma terminó cediendo a las presiones de las potencias católicas y el Papa Clemente XIV disolvió la orden temporalmente en 1773. La llegada de la modernidad, las revoluciones liberales y las desamortizaciones (la expropiación de bienes de la Iglesia por parte del Estado español en el siglo XIX) enfriaron enormemente las relaciones. Roma veía con desconfianza el liberalismo español. Sin embargo, en el siglo XX, la relación dio un vuelco radical tras la Guerra Civil Española (1936-1939). El régimen de Francisco Franco reinstauró el catolicismo como religión oficial del Estado bajo el concepto de Nacionalcatolicismo. El Concordato de 1953: Firmado con el Papa Pío XII, otorgó a la Iglesia privilegios fiscales y educativos masivos a cambio de devolver al Jefe del Estado el derecho de presentación de obispos (una versión moderna del patronato regio). La llegada de los años 60 y el aperturismo de la Iglesia bajo los papados de Juan XXIII y Pablo VI distanciaron de nuevo a Roma de Madrid. El Vaticano empezó a presionar al régimen franquista para que aceptara la libertad religiosa y la separación Iglesia-Estado, apoyando secretamente a los sacerdotes que se oponían a la dictadura. Con la llegada de la democracia y la Constitución de 1978, España se definió como un Estado aconfesional, y los acuerdos de 1979 con la Santa Sede redefinieron la relación sobre bases modernas y de mutuo respeto. Hoy en día, la relación entre el Rey de España y el Papa de Roma es diplomática y cordial. Atrás quedaron los tiempos de los ejércitos marchando sobre el Vaticano, las bulas de excomunión y los barcos cargados de bienes destinados a financiar las guerras de religión de Europa. Sin embargo, los muros de Roma y los palacios de Madrid guardan el eco de una de las alianzas más influyentes y complejas de la historia universal. El Santo Padre León XIV realizará su viaje apostólico a España del 6 al 12 de junio de 2026, acogiendo la invitación del rey Felipe VI y de la Iglesia en España. Es la primera visita de un Papa a España en 15 años desde la visita de Benedicto XVI con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud. La Familia Real al completo se volcará en la visita del Papa, que fue invitado por el propio Felipe VI cuando acudió con la reina Letizia a la misa que marcó el inicio de su pontificado, un acto religioso que inició una nueva era en la iglesia católica y supuso una cumbre de realeza y jefes de Estado. Los Reyes recibirán al Santo Padre en el Aeropuerto Internacional Adolfo Suárez Madrid, donde se prevé que aterrice el sábado 6 de junio a las 10.30 horas, procedente del aeropuerto de Roma-Fiumicino, desde donde se dirigirán al Palacio Real. Allí los esperarán la princesa Leonor y la infanta Sofía que se sumarán a los Reyes para recibir oficialmente al Sumo Pontífice. Este encuentro se llevará a cabo el mismo sábado, alrededor de las 11.30 horas, y también participarán autoridades, la sociedad civil y el cuerpo diplomático acreditado en España. El domingo 7 de junio, los Reyes, la princesa de Asturias y la infanta Sofía asistirán a la Santa Misa que se celebrará en la Plaza de Cibeles, a las 10:00 horas. Un evento que se espera que sea multitudinario y que congregue a miles de fieles llegados de todas partes del mundo. La reina Sofía asistirá el lunes 8 de junio a la oración y el homenaje a la Virgen de la Almudena, que tendrá lugar a las 18:00 horas en la Catedral de Santa María la Real de la Almudena. El martes 9 de junio, León XIV viajará hasta Barcelona. Al día siguiente llegarán a la ciudad condal los Reyes para asistir a las 19.30 horas a la Santa Misa que se celebrará en la Basílica de la Sagrada Familia. Se trata de una fecha muy importante ya que se conmemora el centenario de la muerte de su creador, Antoni Gaudí, y el Sumo Pontífice bendecirá la torre más alta del templo. El 11 de junio, jueves, León XIV aterrizará en Las Palmas de Gran Canaria. En la isla oficiará una misa y mantendrá diferentes encuentros antes de desplazarse al día siguiente a Santa Cruz de Tenerife, donde concluye su viaje a España. En la ceremonia de despedida, prevista para las 14.30 horas del 12 de junio en el aeropuerto de Tenerife Norte-Ciudad de la Laguna estará presente doña Sofía.
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